ONG Repórter Brasil y Base Investigaciones Sociales
Apoyo: Solidaridad, Fundación Doen, Cordaid
Se estima que Brasil, Argentina y Paraguay terminarán la zafra de soja 2009/10 con una espantosa marca: los tres países serán responsables por el 50% de la producción mundial de ese grano. La cosecha esperada por ellos en conjunto es de 130,7 millones de toneladas, ante una producción global de 259,7 millones de toneladas. Brasil se destaca con 69,0 millones de toneladas cosechadas (26,5% del total mundial), y es el segundo mayor productor global, atrás apenas de los Estados Unidos, país que cosecha 91,4 millones (35,1%). Argentina es el tercer mayor productor, con 54,5 millones (20,9%), y Paraguay es el sexto, con 7,5 millones (2,8%), atrás solamente de China y de la India1.
Con esa posición en el ajedrez de la agricultura mundial, los vecinos del Mercosur se consolidan como los grandes proveedores de soja para la industria alimenticia
internacional, sobre todo la relacionada con la producción de carnes. La mayor parte de la cosecha se exporta en forma de granos, harina y aceite a China, Japón y la Unión Europea. En esta zafra, las cantidades son las siguientes: Brasil prevé exportar 42 millones de toneladas, lo equivalente a 60,8% de su producción; Argentina otros 40 millones, 73,5% del total cosechado; y Paraguay 5,6 millones, que representan 77,7% de los granos producidos.
La expansión del cultivo de soja en los tres países tiene varias explicaciones, que pasan por el clima favorable, el desarrollo de variedades locales, la presencia de una cultura agropecuaria y de políticas públicas favorables a la expansión de la frontera agrícola. Pero un factor se destaca históricamente: el bajo precio relativo de la tierra. Es esta variable económica la que ha permitido a agricultores de la región atender al aumento de la demanda mundial por soja. En Brasil, la ocupación de tierras baratas permitió la expansión de los cultivos del sur en dirección al norte, sobre todo hacia las regiones de Cerrado, a partir de los años setenta.
En el caso de Paraguay, tema central de este estudio, el avance se dio a partir de la frontera con Brasil, desde donde agricultores partieron buscando tierras más baratas, principalmente en la última década. El cultivo de soja llegó a departamentos como Alto Paraná e Itapúa, causando la destrucción de la floresta original remanente de esas regiones. Hoy, en Brasil la expansión de los cultivos en el centro-sur desplaza actividades como la pecuaria en dirección a la Amazonía. En el caso de Paraguay, ese mismo fenómeno ocurre con el
Chaco: la soja que viene de los campos más cercanos a la frontera empuja al ganado hacia el norte, donde está el Chaco y donde los índices de deforestación aumentaron.
Además de dinámicas de expansión y de impactos ambientales semejantes, Brasil y Paraguay también acumulan experiencias parecidas en lo que se refiere a los impactos sociales causados por la soja. El modelo según el que se expande ese cultivo, basado en la gran propiedad monocultora, en el intenso uso de agrotóxicos y en el bajo empleo de mano de obra, no es compatible con las tradicionales formas de vida en el campo representadas por el campesinado. Donde una predomina, la otra tiene que alejarse. Esa es la razón de los muchos conflictos agrarios vividos entre grandes propietarios y militantes de movimientos
sociales de los dos lados de la frontera en los últimos años.
En el caso específico de Paraguay, el escenario se vuelve aún más grave por la
internacionalización extrema del sector de la soja del país. Los grandes productores son brasileños que actúan de modo integrado con conglomerados internacionales. Además, organizaciones instaladas en Brasil han importado soja desde Paraguay para mantener sus actividades, como indican datos proporcionados por el gobierno de Brasil. De las ocho mayores compañías brasileñas importadoras de productos paraguayos, cinco trabajan con
soja: Bunge, ADM, Sadia, Agrícola Horizonte y Multigrain. También importan en menor escala empresas como Cargill, Caramuru y cooperativas como Aurora y Cocamar.
Entre enero y junio del 2010, Brasil importó 111,3 mil toneladas de soja desde Paraguay, 263% más que en el mismo periodo del 2009. En volumen financiero, el producto fue el segundo más importado por los brasileños, quedando atrás solamente del trigo. Esas conexiones de las cadenas productivas ayudan a explicar por qué el complejo de la soja permanece en su fase más primaria en Paraguay. Mientras que Brasil procesa 46,3% de su producción de soja en el propio país y Argentina un 63,3%, en Paraguay ese índice es de sólo un 20,8%. Con eso, el país agrega aún menos valor a sus ventas externas en
comparación con los otros vecinos, que exportan más harina y aceite.
A lo largo de este estudio, Base Investigaciones Sociales y ONG Repórter Brasil,
colaboradoras en este trabajo, presentan a sus lectores un análisis amplio sobre el complejo de la soja en Paraguay, sus aspectos económicos y sus implicaciones socioambientales. Hacen, sobre todo, una lectura crítica de la realidad a partir de la perspectiva de aquellos que presencian la expansión del cultivo, pero no son beneficiados por ella - los campesinos que son expulsados de sus tierras, los indígenas que tienen sus cultivos contaminados y los trabajadores cuya fuerza de trabajo es explotada.
Centro de Monitoreo de Agrocombustibles - ONG Repórter Brasil
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Mientras los ojos del mundo están atentos a las condiciones de sustentabilidad con que se fabrica el etanol brasileño, otro agrocombustible producido en cantidades cada vez mayores en el país no merece tanta atención. Se trata del biodiesel, que a partir de enero del 2010 empezó a ser agregado, en un 5%, al diesel vendido en las gasolineras - hasta entonces, la mezcla era de 4%. Por un lado, la falta de interés en lo que se refiere al biodiesel se debe a una razón cuantitativa: a pesar del aumento de la producción, se estima que saldrán de las usinas 2,5 mil millones de litros de ese combustible en el 2010 - lo que todavía es poco si se compara a los 25,8 mil millones de litros de etanol que están previstos para la actual zafra. Por otro lado, la estructura productiva del parque brasileño de biodiesel trae un alerta que necesita ser debatido con más énfasis por la sociedad: la soja se mantiene como la materia prima responsable por cerca de un 80% del biodiesel nacional.
Ese dato, en la práctica, revela más que el fracaso del programa oficial de inclusión de pequeños productores de ricino y dendé (Elaeis guineensis) en la cadena productiva de los agrocombustibles renovables. Indica también que todos los problemas ambientales, sociales y laborales vinculados al actual modelo de expansión del cultivo de soja surgen como obstáculos a los discursos empresariales y gubernamentales de que los agrocombustibles brasileños son el paradigma de la denominada "energía limpia". En los últimos años, la destinación de soja hacia el sector de generación de energía ha sido cada vez mayor. En el 2008, fueron consumidas 3,5 millones de toneladas de soja para la producción de biodiesel, lo que representaba cerca de un 5,8% de toda la zafra del año. En el 2010, 8,3 millones de toneladas deben transformarse en fuente de energía, cantidad que equivale a un 12,3% del total producido. Es decir, en apenas dos años la proporción de soja destinada a biodiesel más que se duplicó. Los problemas que trajo la expansión de las áreas de soja no son pocos, como reconocen, en la práctica, las propias empresas y asociaciones empresariales vinculadas a la cadena productiva de ese grano cuando se implican, junto a ONGs y organismos del Estado, en iniciativas que buscan la sustentabilidad agrícola.
Algunas de ellas tienen como objetivo monitorear la soja, pero sus resultados han sido limitados y no han llegado a afectar la producción de biodiesel. Un ejemplo de iniciativas de ese tipo, pero con resultados limitados, es la Moratoria de la Soja, nombre dado al pacto firmado entre la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales (Abiove) y ONGs ambientalistas (y que contó con la adhesión del Ministerio del Medio Ambiente en el 2008). Creada en el 2006 y con plazo de término previsto para julio de este año, la moratoria tiene como objetivo rastrear la soja producida en el bioma amazónico con la finalidad de minimizar la participación de ese grano en la deforestación de la Amazonía y combatir el trabajo esclavo en el sector a nivel nacional. Sin embargo, no sólo no eliminó la deforestación ni el trabajo esclavo en la cadena productiva, sino que su actuación se restringe a empresas asociadas1 a la Abiove, dejando fuera a la mayoría de las usinas de biodiesel.
Sin embargo, fuera del bioma amazónico el mercado productor y consumidor de soja aún no ha implementado criterios de sustentabilidad socioambiental negociados en iniciativas como la Mesa Redonda de la Soja Responsable o la Mesa Redonda de los Biocombustibles Sostenibles, lo que se refleja en los continuos impactos de ese cultivo principalmente en el frágil bioma del Cerrado. Incluso en las esferas gubernamentales, la producción de biodiesel no ha sido objeto de ninguna reglamentación socioambiental, laboral y fundiaria más allá de lo que consta en las respectivas legislaciones.
Existe, de hecho, una preocupación con el cumplimiento de las reglas establecidas por el Sello Combustible Social, que normatiza las relaciones entre usinas y agricultores familiares. No hay, sin embargo, ninguna garantía de que la soja producida con participación de trabajo esclavo o que haya causado impactos ambientales no llegue a formar parte de la composición del biodiesel consumido en las gasolineras - o de nuestra pauta de exportaciones.
En este informe, cuyo foco está en el análisis de la zafra 2009/10 de soja, el Centro de Monitoreo de Agrocombustibles (CMA) analiza algunos aspectos de la producción de ese cultivo en regiones donde está consolidado - Mato Grosso - y donde nuevas fronteras se han abierto - Oeste de Bahia -, de la relación entre plantas productoras de biodiesel y la cadena productiva de ese grano, y de las tendencias de las articulaciones de criterios de sustentabilidad, señalando algunos de los problemas que todavía permanecen latentes en este sector. Con eso, el CMA da continuidad a su trabajo anual de investigación sobre la sustentabilidad de la zafra de soja, cuyos aspectos ya fueron discutidos en los informes divulgados en el 2008 y en el 2009.
Centro de Monitoreo de Agrocombustibles - ONG Repórter Brasil
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Con el lanzamiento de "El Brasil de los Agrocombustibles - Impactos sobre la tierra, el medio ambiente y la sociedad - Caña 2009", el Centro de Monitoreo de Agrocombustibles (CMA) de la ONG Repórter Brasil llega al fin de su segundo año de actividades, iniciadas en enero del 2008. A lo largo de ese periodo, el grupo de investigadores del CMA, apoyado por el trabajo desarrollado por los demás sectores de la organización, investigó, analizó y publicó historias relacionadas a la expansión de los agrocombustibles en Brasil, en especial el etanol y el biodiesel.
Fueron investigadas actividades agrícolas diversas - relacionadas a los cultivos de soja, algodón, babaçu (Orbignya phalerata), caña de azúcar, canola, dendé (Elaeis guineensis), girasol, maíz, ricino y piñón manso (Jatropha curcas), además de la actividad pecuaria, proveedora del sebo para producir biodiesel -, así como sus vectores de expansión y los impactos socioambientales, laborales y económicos constatados a partir de su diseminación. Al mismo tiempo, todo ese contenido subsidió el trabajo de articulación política de la Repórter Brasil con sectores del gobierno, miembros del parlamento, organizaciones de la sociedad civil y empresarios, objetivando mejorías en las condiciones socioambientales de producción en el campo.
A pesar de reconocer la necesidad de diálogo con los más amplios sectores de la sociedad, y de trabajar intensamente por él, el CMA profundizó los estudios de impacto y denunció prácticas irregulares e ilegales cuando éstas fueron detectadas. Por nuestras análisis y textos periodísticos pasaron nombres de grandes grupos empresariales brasileños y extranjeros, que, a pesar del poderío financiero, no fueron capaces de desarrollar negocios menos dañinos para con el medio ambiente y más justos para con los trabajadores y las comunidades involucradas. Después de dos años de actuación, tenemos la satisfacción de decir que realizamos actividades de monitoreo en todos los Estados brasileños, incluyendo las regiones de frontera con Paraguay y Bolivia, y estuvimos presentes en la mayor parte de ellos. Oímos a movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales locales, entrevistamos gobernantes y empresarios, recolectamos datos en el campo. Todo eso con el objetivo de ofrecer al público la información más cualificada posible y que pudiera servir como instrumento de transformación social.
Incluso los más renombrados especialistas divergen sobre la dimensión del papel que los agrocombustibles tendrán en una era post-petróleo, pero la evaluación general es que productos como el etanol y el biodiesel tendrán un papel importante. De la misma forma, la previsión de representantes de los sectores público y privado es que Brasil será un campo privilegiado para la expansión de materias primas agroenergéticas, como señala el desarrollo del área en los últimos dos años y según la previsión para los próximos veinte, por lo menos.
El papel de la sociedad civil organizada, de las ONGs, sindicatos y movimientos sociales es el de alertar, a cualquier costo, para que esa perspectiva no se haga realidad. La preservación de los bosques, de los animales silvestres, del suelo, de las aguas y del aire, así como de toda la biodiversidad, deben ser prioridad en las haciendas de soja, en las áreas de ganado y en las usinas de etanol. El movimiento internacional contra el calentamiento global está presente para apoyar nuestras convicciones. Desde el punto de vista de los trabajadores, no faltan reclamaciones. Junto a las técnicas más modernas de cultivo que hacen del país uno de los campeones mundiales de productividad agrícola, todavía conviven trabajadores privados de sus derechos básicos - e, incluso, de su libertad. Son ciudadanos esclavizados para limpiar la tierra para el plantío de las gramíneas que alimentarán el ganado o para cortar la caña que será transformada en etanol. Todo eso tiene que cambiar.
En su planificación estratégica para el próximo bienio, el Centro de Monitoreo de Agrocombustibles de la ONG Repórter Brasil ya definió sus metas. Continuará trabajando para fortalecer el debate sobre sustentabilidad junto a la sociedad civil organizada - en esa nueva etapa también en Paraguay y en Bolivia; seguirá produciendo informes anuales sobre los impactos socioambientales de las principales actividades agropecuarias energéticas; ampliará la producción de contenido y facilitará el acceso del público a las informaciones generadas; y mantendrá acciones de presión sobre gobiernos y empresas vectores de la expansión de los agrocombustibles.
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Las multimillonarias inversiones recibidas por el sector sucroalcoholero, provenientes de empresas e instituciones financieras nacionales e internacionales, han incentivado el avance de los cañaverales sobre áreas ya consolidadas, como São Paulo, y sobre nuevas fronteras en el Centro-Oeste brasileño. La crisis financiera internacional, que se desató en el segundo semestre, debe atrasar una serie de nuevos proyectos, pero no al punto de revertir el ciclo de expansión. Tanto es así, que la producción nacional de caña en el 2008 avanzó un 13,9% en relación a la zafra pasada y, el próximo año, debe crecer otros 7,6%1.
Pese a ello, la crisis ha sido utilizada por empresas para justificar el deterioro de las remuneraciones en el campo. Desde fines de la década de los 90, la remuneración por el trabajo venía acumulando pequeños aumentos reales si comparada a la evolución de los precios de los alimentos, pero esa tendencia se invirtió en el 2008. Los reajustes salariales obtenidos durante las negociaciones raramente llegaron a dos dígitos, mientras que el precio de la canasta popular avanzó 16%2. En el Estado de São Paulo, donde está concentrado un 59,5% de la producción de caña del país, la pérdida de poder de compra entre los trabajadores incentivó huelgas - muchas veces reprimidas con violencia por la policía - y despidos en fábricas y plantas productoras. El ambiente en los cañaverales se volvió tan explosivo que sindicalistas recordaron los históricos protestos ocurridos en la región de Guariba (SP), en la década de 80.
Como se puede observar, la insatisfacción no es reciente. Tiene su origen en un modelo productivo basado en la superexploración del trabajo, en el que una parte de los seguidos aumentos de productividad del trabajador es apropiada por el dueño de la hacienda o de la fábrica. Desde el año 2000, la productividad del trabajador creció un 11,9% en el Estado de São Paulo, pero el valor que se le paga al cortador de caña aumentó apenas un 9,8%3. La zafra 2008 registra, también, deterioro de las condiciones de trabajo en diversas instancias. Por ejemplo, aumentó, en términos relativos, la cantidad de autos de infracción emitidos por los fiscales a empleadores paulistas referentes al no respeto del descanso semanal y por falta de equipos de protección individual. Y 2.553 personas fueron liberadas de emprendimientos del sector sucroalcoholero que se valían de la esclavitud contemporánea, prácticamente la mitad de todos los trabajadores esclavos encontrados en el país a lo largo del año.
Desde el punto de vista ambiental, la expansión de la caña ha alcanzado áreas como el Cerrado, la Amazonía, la Mata Atlántica nordestina e, incluso, la Caatinga. En el 2008, 24 plantas productoras de Pernambuco recibieron multas por diversos crímenes ambientales. El Pantanal, uno de los principales patrimonios ambientales del mundo, está presionado por los proyectos de instalación de fábricas en el Estado de Mato Grosso do Sul, en las proximidades de afluentes importantes para el bioma. El zoneamiento agroecológico, que podría organizar la expansión del cultivo, permanece como una promesa no cumplida del gobierno.
Sin preservar el medio ambiente, es prácticamente un consenso que los agrocombustibles pierden su ventaja comparativa con relación a los combustibles fósiles, cuando se considera la quema y la emisión de gases del efecto estufa. En este aspecto, el Estado de São Paulo asiste al avance de la mecanización de la cosecha, lo que, por un lado, trae considerables beneficios ambientales, pero, por otro, es visto por los trabajadores como un riesgo para sus empleos, ya que son tímidas las políticas compensatorias, como la reforma agraria y la recualificación profesional. Se estima que, como consecuencia de la mecanización, hasta el 2014 cerca de 180 mil personas perderán sus empleos, considerando sólo los cultivos de caña del Estado de São Paulo.
Más detalles, análisis e historias sobre los impactos causados por el avance de la caña en el país podrán ser vistos en las páginas de este informe, que está dividido en tres grandes partes, según sus peculiaridades productivas e históricas: Centro-Sur, Nordeste y Amazonía. Para realizar este trabajo, los investigadores del Centro de Monitoreo de Agrocombustibles recorrieron ocho Estados brasileños - Acre, Alagoas, Bahia, Pernambuco, Maranhão, Mato Grosso, Mato Grosso do Sul y São Paulo - y entrevistaron a centenas de trabajadores, sindicalistas, investigadores, autoridades y empresarios del sector.
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Deforestación en la Amazonía y en el Cerrado, contaminación por agrotóxicos, amenaza a la soberanía alimentaria de pequeños agricultores y concentración de renta y de tierra son algunos de los impactos causados por la expansión de culturas que pueden ser usadas para la producción de biodiesel en el Brasil. En “El Brasil de los Agrocombustibles - Palmáceas, Algodón, Maiz y Jatropha - 2008”, la ONG Repórter Brasil relata projectos de expansión de esas culturas instaladas o en progreso, como es el caso de la palma aceitera, en la Amazonía, y del algodón en las áreas de Cerrado de las regiones Centro-Oeste y Noreste.
En el caso de la palma aceitera, una de las mayores preocupaciones es con las propuestas de cambio en el Código Florestal que buscan permitir la recuperación de reservas legales con especies exóticas como la palma aceitera. Tales medidas pueden incentivar la monocultura en la Amazonía causando deforestación y provocando impactos para la biodiversidad de la floresta.
Corporaciones extranjeras comienzan a implementar projectos en la región, como el caso de la empresa Felda, de Malasia, en el municipio de Tefé (AM), y de la Biopalma, de capital canadiense, en Pará. Además de la palma aceitera, otra palmacea analizada por el informe es el babasú.
Ya el algodón avanza sobre las áreas de Cerrado que no cuentan con sistemas de monitoramiento por satélite específico como la Amazonía. Según el Ministerio del Medio Ambiente, están en riesgo por lo menos seis áreas de alta biodiversidad del Cerrado frente al crecimiento de las plantaciones del algodón. En el caso de impactos laborales, cinco haciendas de la cultura están en la “lista sucia” de trabajo esclavo divulgada por el govierno y 431 trabajadores esclavos fueron libertados en esas áreas.
El maiz no es utilizado para la producción de combustible en el país, pero su uso en los EUA para la fabricación de etanol explica el avance de la área plantada de la cultura en la última safra. Sin embargo, esa expansión tiene amenazada la manutención de prácticas tradicionales de cultivo extinguiendo especies criollas de granos existentes en el Brasil. Ese impacto se debe intensificar con la liberación reciente de semillas transgénicas de maiz.
El uso de jatropha todavía es incipiente y apenas en este año los productoes conseguieron su registro como especie junto al Ministerio de la Agricultura, pero asi mismo, la cultura ya atrae la atención de grandes investidores. La empresa española CIE Automotive apoya emprendimientos, por ejemplo, en Minas Gerais y Mato Grosso. La jatropha es deseada por la alta concentración de óleo en la semilla, pero parte de los especialistas consideran necesarias más investigaciones.
Este es el segundo informe de la serie producida por el Centro de Monitoreamiento de Agrocombustibles de la ONG Reporter Brasil. El primero, lanzado en abril de este año en Buenos Aires, durante el encuentro de la Mesa Redonda de Soya Sustentable, analizó los impactos causados por la soya y por la mamona. El próximo, exclusivamente sobre la caña de azucar, será lanzado en diciembre próximo. Para la realización de este trabajo, cuatro investigadores de la ONG Reporter Brasil recorrieron 11 Estados brasileros- Mato Grosso, Santa Catarina, Rio Grande do Sul, Paraná, Sao Paulo, Minas Gerais, Bahia, Pará, Amazonas, Maranhão y Tocantis- y un total de 25 mil kilómetros.
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Con la publicación del primer volumen del informe “El Brasil de los Agrocombustibles - Impactos de los cultivos sobre la tierra, el medio y la sociedad”, el Centro de Monitoreo de Agro-combustibles de la ONG Repórter Brasil da inicio a un acompañamiento sistemático de los impactos causados por cultivos utilizados en la producción de agro-energía. El trabajo, dividido en tres informes anuales, está evaluando los efectos – socioeconómicos, ambientales, agrarios, laborales y sobre poblaciones indígenas y tradicionales – de las culturas de la soja y del ricino (volumen 1), del maíz, algodón, palma y babaçu (volumen 2), y de la caña y del pinhão manso (volumen 3).
Soja – La creciente demanda internacional por agrocombustibles se constituye como el más reciente factor de incentivo al avance de la producción de soja en Brasil. Se estima que el país, aún en 2008, superará a los EUA como el mayor exportador y, como máximo en seis años, consolidará la mayor área plantada del grano en el mundo. Si por un lado esa expansión genera riqueza para algunos productores y divisas con exportaciones para el país, por otro ha intensificado impactos como la deforestación, la contaminación de ríos, la concentración de la tierra y la explotación del trabajador, principalmente del Cerrado y de la región Amazónica.
Por ahora, el principal impulso a la expansión de soja es indirecto. El aumento de la demanda en los EUA por el etanol producido con maíz incentivó la plantación de este grano y contribuyó para estancar el área de soja por allá. Eso se viene a sumar a un cuadro de intensa demanda mundial por el soja para forraje animal, haciendo que los precios internacionales del grano, que andaban en baja, vuelvan a subir. Con ese escenario, el productor brasilero resolvió plantar más. Entre las zafras pasada y la del 2007/08, la plantación de soja aumentó un veinte por ciento en la región Norte (donde está la mayor parte de la floresta Amazónica) y en 7,9 por ciento en el Nordeste, sobre todo en las áreas del Cerrado de Maranhão, de Piaui y Bahía. En el Brasil, la soja es la principal materia prima usada para producir biodiesel. El consumo actual para atender la mezcla obligatoria del 2 % en el diesel de petróleo y producir en 850 millones de litros de biodiesel por año es estimado en 3,5 millones de toneladas de soja, un monto que aún siendo pequeño, influencia los precios del grano.
El escenario futuro proyectado para los cultivadores de soja es de un mercado caliente. La intensa demanda debe mantener el proceso de sustitución de pastizales por la plantación de grano, lo que estabiliza las áreas deforestadas, muchas veces ilegalmente, y empuja a la pecuaria cada vez más en dirección al Amazonas, incentivando el deforestación. Cuencas hidrográficas fundamentales para la socio-biodiversidad brasilera están amenazadas por la plantación indiscriminada de soja en tierras que, por ley, deberían tener su vegetación preservadas, como las matas marginales. También enfrentan los problemas traídos por la contaminación de sus ríos, cuyas nacientes se encuentran en áreas de agricultura, como ocurre en el Parque Indígena del Xingu.
Hay también casos en que la soja viene siendo producida sobre tierras oficialmente reconocidas como tradicionalmente indígenas por el Estado brasilero. Por ejemplo, hay plantaciones en la Tierra Indígena Maraiwatsede de los Xavante, en Mato Grosso, y en diversas áreas reconocidas como de ocupación tradicional de los Guarani-Kaiowá, en Mato Grosso del Sur.
A pesar de la intensa mecanización del sector, ha sido encontrado trabajo esclavo en haciendas de soja en la etapa de limpieza del suelo para la implantación de plantaciones. Datos de la “lista sucia”· del trabajo esclavo, registro público de empleadores que utilizaron ese tipo de mano de obra mantenido por el Ministerio de Trabajo y Empleo del 2007 muestran que 5,2 % de los casos ocurrieron con el grano. Empresas e instituciones financieras han implementado instrumentos de combate al trabajo esclavo, incentivadas por el Pacto Brasileño por la Erradicación del Trabajo Esclavo. Pero todavía hay fallas y la soja recogida por productores de la “lista sucia” aún entra en el mercado.
A pesar de eso, los impactos laborales se concentran en la baja generación de empleo por cuenta de la mecanización de la producción (de 1 a 4 empleos directos cada 200 hectáreas) y en los accidentes de trabajo relacionados a la operación de máquinas y al uso de agro-tóxicos, intensamente utilizados en la producción convencional y transgénica. Son crecientes los números de trabajadores y comunidades del entorno de las plantaciones que sienten los efectos de defensivos agrícolas. Por ejemplo, en el 2005, 6870 buscaban servicios de salud por la contaminación. El proceso de la soja, basado en un modelo de grandes propiedades mecanizadas, incentiva la concentración de tierra y el éxodo rural. En lo que respecta al aumento de la producción de soja, el número de propiedades rurales dedicadas al grano cayó el 42 % en una década. La tasa fue del 16,3 % para las otras propiedades. Ese proceso de expansión no ha sido pacífico: él puede estar atrás de por lo menos 4 de los 16 conflictos agrarios en el Estado de Mato Grosso en el 2007, de al menos 18 de los 38 conflictos anotados en Paraná, y de por lo menos dos de los 105 conflictos surgidos en el Pará.
Si por un lado es temprano para dimensionar el peso que los agro-combustibles representan en los precios de los commodities agrícolas, por otro ya es posible concluir que el aumento de demanda proporcionado por ellos tiende a presionar a los alimentos, en un escenario en que las cotizaciones de productos como soja, maíz y trigo alcanzan escalones record. El Fondo Monetario Internacional calcula el alza de los precios de los alimentos en 30,4 % entre noviembre de 2004, inicio de la escalada, y diciembre de 2007. La opción por los agrocombustibles no va a hacer nacer el hambre en el mundo, ya que él afecta a centenas de millones de personas diariamente. Pero ciertamente agravará el cuadro.
Un estudio como “el Brasil de los Agrocombustibles”, en este momento delicado de las relaciones comerciales internacionales, es altamente estratégico para identificar malas conductas y puede ser utilizado por actores interesados en la reversión de ese cuadro de impactos negativos. Entre las recomendaciones para el poder público están el corte de financiamiento y renegociaciones de deudas con los empresarios responsables de esos impactos, y también que no se permita la expansión agrícola en el Cerrado y en la región Amazónica sin estudios que comprueben la viabilidad socio-ambiental, que las poblaciones locales hayan sido debidamente consultadas y que la soberanía alimenticia sea garantizada. Para el sector empresarial, se propone un cuidado profundo con sus cadenas de proveedores y el propio comportamiento de las compañías.
Ricino – Con el lanzamiento de Programa Nacional de Producción y Uso de Biodiesel (PNPB), en el 2004, los reflectores nuevamente se volvieron hacia el ricino, elegido por el gobierno federal como uno de los caballitos de batalla de su política de inclusión social de la agricultura familiar en la cadena productiva de la agro-energía. Por decisión del gobierno, la compra del ricino cultivado por la agricultura familiar, principalmente en el Semiárido del Nordeste brasileño, pasó a valer incentivos fiscales para la industria del biodiesel.
El proyecto, por otro lado, todavía no trajo resultados concretos para los pequeños agricultores, sobre todo los de Estados ubicados en el Nordeste brasilero. A pesar de los esfuerzos de popularizar el cultivo del ricino, su cadena productiva aun esta muy sujeta a los proyectos privados de la industria del biodiesel y distante de las necesidades de la agricultura familiar, lo que ha generado desentendimientos entre los sectores agrícolas y de procesamiento. Pero hay excepciones que huyen de esta regla. Cuando agricultores organizados asumen la cadena productiva e imponen sus propios criterios de manejo y comercialización, el ricino ha demostrado que puede ser, sí, una alternativa de renta social, ambiental y económicamente sustentable.